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Nicaragua y los aviones cazas rusos


 
  Por Dr. Carlos Murillo Zamora 02 marzo 2015
La única explicación aceptable de este rearme nicaragüense es introducir un variación en el equilibrio regional alcanzado en la década de 1990, tras los acuerdos de paz.

La única explicación aceptable de este rearme nicaragüense es introducir un variación en el equilibrio regional alcanzado en la década de 1990, tras los acuerdos de paz.

El anuncio del Gobierno de Nicaragua sobre la compra de aviones caza de fabricación rusa –según la prensa se trata de MIG-29– tiene dos dimensiones que es necesario considerar para tratar de explicar esta decisión. Una es el cambio en el equilibrio de fuerzas militare en Centroamérica. La segunda corresponde a los intereses rusos en el Caribe.

La compra de aviones de combate, que se une a la de otro equipo militar –sobre todo embarcaciones artilladas con misiles de corto y mediano alcance–, dada a conocer el 10 de febrero, tiene como propósito, según el General de Brigada Zepeda, el combate al narcotráfico. Por lo que se trata de «aviación netamente defensiva, no aviones de ataque». Sin embargo, según especialistas militares el diseño de los cazabombarderos rusos está hecho para el combate aéreo a gran altura y velocidad, aunque puede atacar blancos en tierra con misiles guiados por GPS y laser. Por lo tanto, su diseño no tiene propósitos defensivos; por el contrario ha demostrado ser una de las naves más versátiles y cuyo propósito es competir con los cazabombarderos estadounidenses.

Si realmente estos aviones fueran para combatir el narcotráfico, significa que el ejército nicaragüense tiene como objetivo el derribo de toda aeronave y embarcación sospechosa de actos ilícitos. Esto resulta peligroso, porque al piloto le será difícil distinguir entre una nave que transporta droga y una de naturaleza civil. Hay experiencias, entre ellas la cubana, sobre el uso de los MIG-29 que derribaron, por error, aeronaves civiles.

También se ha manifestado que se trata de disuadir a Colombia de un ataque producto del diferendo territorial, a partir de la sentencia de la Corte de La Haya. Lo cual tampoco tiene lógica, porque el ejército colombiano posee una ventaja estratégica y táctica que no sería contrarrestada con unos pocos cazabombarderos. En caso de un enfrentamiento armado entre estos dos países la ventaja a favor de Bogotá sería muy evidente. De ahí que la única explicación aceptable de este rearme nicaragüense es introducir un variación en el equilibrio regional alcanzado en la década de 1990, tras los acuerdos de paz.

Por eso el asunto, también, hay que observarlo desde el interés ruso por tener presencia en la Cuenca del Caribe; primero con un puerto de aguas profundas en la costa de Nicaragua, segundo con la escuela de entrenamiento en Managua y tercero con la dotación de equipo y armamento al ejército de este país. Esto es parte de lo que se ha denominado la “guerra de Putin contra Occidente”.

En definitiva se trata de una decisión con múltiples aristas, que la tesis oficial oculta. La cuestión es que la “lógica” reacción de El Salvador y Honduras es el rearme, lo que conduciría a una nueva escalada militar en el Istmo. Ahora bien, tampoco hay que descartar del todo el que sea otra maniobra para desviar la atención del proyecto del canal, como lo fue semanas atrás la defensa de la tesis de un grupo minoritario puertorriqueño sobre la independencia de la isla.

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Dr. Carlos Murillo Zamora

Profesor e investigador de las Universidades de Costa Rica y Nacional de Costa Rica. Consultor internacional. Doctor en Gobierno y Políticas Públicas. Autor del blog camuza.codebeta.net.