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Crisis financiera: actitudes que hacen la diferencia


 
  Por Consumo Inteligente - MasterCard 19 octubre 2015

La disminución de la actividad económica y de la demanda trajo aparejados -por mencionar solo algunas consecuencias- el desánimo y la preocupación para muchas familias, especialmente para aquellas que vivieron y viven el problema de los despidos y la disminución del trabajo.

Nosotros, en países en vías de desarrollo, somos un mercado donde mucho capital extranjero acostumbra a aparecer, especialmente por cuenta de los altos intereses y de los atrayentes y lucrativos negocios en la bolsa de valores. Con la crisis, mucho dinero aplicado aquí volvió a su país de origen; más allá de eso, vimos a nuestras monedas devaluarse y a las exportaciones caer, ya que los países clientes de Latinoamérica comenzaron a rever sus prioridades. Literalmente, estamos ante un efecto dominó.

La duda del lector

No es posible hacer aquí un análisis profundo de los “porqués” o de los “cómo” de la crisis, pero sí de sus reflejos en el día a día de nuestras vidas, especialmente en lo que atañe a las finanzas personales y familiares. No es raro recibir mensajes de lectores que preguntan “Cómo consumidor ¿debo cambiar mi forma de vivir en momentos de crisis?”.

Nuestras respuestas a preguntas como estas son siempre clásicas y directas: ¡coherencia! La consigna es coherencia. Una rápida búsqueda en el diccionario on-line de la Real Academia Española (RAE.com) nos trae una interesante definición para esta palabra: “1. f. Conexión, relación o unión de unas cosas con otras.” ¿Ya ha comprendido cómo la coherencia puede ser su mejor aliada antes, durante y luego de cualquier crisis o problema?

Armonía. Esta palabra está asociada con paz y tranquilidad. En temas de dinero, esto significa vivir dentro de su verdadera realidad financiera, sin exageraciones o intentos de ser otra persona o alcanzar un estilo de vida incompatible. ¿Cómo es posible vivir en paz con el dinero?

Conexión entre los hechos. Esto significa saber lo que está ocurriendo. Representa la armonía sustentada a sus decisiones, cuando éstas son coherentes con la realidad. Es la respuesta a situaciones críticas elegida por quienes están preparados: elecciones realizadas a conciencia de las consecuencias, algo crucial para las finanzas.

Qué tener en cuenta ante una crisis

Toda familia debe prestar atención a lo que ocurre en su día a día financiero. Esto implica también interesarse un poco por la economía básica y las finanzas que van más allá de lo “más o menos” cotidiano. Como ya mencionamos, informarse trae una importante sensación de control y los subsidios necesarios para validar si su actual estilo de vida es sustentable. De esta forma, destacamos algunas actitudes importantes, que valen perfectamente para cualquier momento, con o sin crisis:

• Haga y mantenga una reserva de emergencia. La gran preocupación de las personas en momentos de crisis es justamente el no ser capaces de mantenerse en caso de pérdida de empleo o recolocación. Y con razón. Así, sugerimos siempre que tenga una reserva financiera capaz de mantenerte por al menos 12 meses sin trabajo, de manera que su familia sea preservada y que un nuevo trabajo pueda ser encontrado sin desesperación.

• Consumir, solo de contado y con cálculos bien precisos. Con o sin crisis, querrá comprar uno que otro obsequio. Compre, siempre que el dinero haya sido ahorrado para ese fin, planificado con eficiencia. Traduciendo: mantenga un rígido control de los gastos, anotando todo en categorías y solo compre si hay dinero disponible. Evite al máximo las deudas cuando sus previsiones sobre el futuro no son tan claras.

• Investigue precios, cambie de marcas o deje de comprar. Si las noticias no son favorables, trate de ahorrar. Pruebe nuevas marcas, nuevos productos más baratos; investigue más intensamente los precios y, cuando sea preciso, deje de comprar este o aquél producto que no sean tan indispensables. Trate su dinero con respeto y mucho cuidado.

• Conozca la economía hasta en sus detalles más específicos. Las crisis traen necesidad de cambios por parte de los gobiernos. En ocasiones, cambian las tasas de interés, los cálculos financieros de las tasas básicas de la economía y hasta la tributación. Esto significa, por ejemplo, que con la desaceleración, algunos gobiernos deciden reducir los impuestos sobre productos industrializados como la compra de automóviles.

Para finalizar, debemos alertarle sobre una importante constatación: las crisis económicas en países y sistemas financieros, como la que se vive hoy en día, ocurren en ciclos, vienen y van. Así y todo, no podemos decir lo mismo de las crisis financieras personales. Salvo en raras excepciones, los problemas financieros domésticos, normalmente son fruto de una mala administración y planificación dedicadas al dinero, y el consecuente consumo más allá de toda cuenta. Deberá haber más coherencia (recuerde esa palabra).

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