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Apple se despide de su gallina de los huevos de oro


 
27 abril 2016

El negocio de la venta de teléfonos móviles inteligentes, en donde el margen de beneficio de los fabricantes es corto en muchos casos, ha vivido en los últimos años un espectacular crecimiento. El producto estrella de la electrónica de consumo ha tenido un gran impacto en la sociedad y en los balances de las empresas del sector, pero comienzan a tambalearse los cimientos.

Tras innumerables temporadas marcadas por los récords constantes, las ventas de iPhone han caído, por primera vez, en su trayectoria, pasando de 61 millones de unidades vendidas a los 51.2 millones registrados en el último trimestre, el equivalente a una reducción del 61% en comparación con el año pasado. Es un varapalo pero muestra una tendencia que se replica en otras compañías. El negocio del móvil inteligente ya no es tan rentable como antes. Y a esa falta de rentabilidad se le une un mercado global en retroceso. Según la firma de análisis de mercado Gartner, el mercado del «smartphone» creció en 2015 en un 9.7%, pero representa un aumento inferior en comparación con otros años dominados por el doble dígito.

Ni la llegada del reciente iPhone SE, que ha roto la tradicional estrategia llevada a cabo por Apple con su producto estrella (suele actualizarse cada año en otoño), ha permitido incentivar el consumo. Este dispositivo, de 4 pulgadas de pantalla y que incorpora un «collage» de innovaciones presentadas en los últimos tiempos por la marca, no ha tenido el impacto esperado. Parecía estar destinado a ser un móvil de entrada, orientado a un público de masas y un ataque a otros mercados como la India, que comienza a desplazar a China en lo relativo a consumo de «smartphones».

Precisamente, una de las claves del retroceso de Apple se debe, en parte, al auge de nuevos dispositivos móviles de bajo coste y la desaceleración del mercado chino, que ha empezado a lastrar las economías mundiales. De hecho, es en China donde ha pinchado más estrepitosamente. Este mercado ha experimentado una reducción del 26% en comparación al año anterior. Las ventas de sus terminales en determinados mercados están saturadas y conseguir el mismo resultado del iPhone 6 (lanzado en 2014) provoca un escenario difícil de sostener, máxime a la ardua competencia de los dispositivos basados en el sistema operativo Android que ha permitido reducir el precio de los «smartphones» por debajo de los 200 euros, incluso de los 100 euros.

Subyace tras este comportamiento una constante en los últimos años: la curva de innovación de los «smartphones» ya no está tan pronunciada. La percepción de muchos usuarios es que, a estas alturas, el «punch» de novedades es tan reducido que no justifica una actualización anual del terminal. Al igual que sucede en el mercado de las tabletas, los propietarios de teléfonos móviles inteligentes de menos de dos años (independientemente de la gama) constatan que el uso que le dan cada día es más que suficiente para las prestaciones del mismo.

Entre septiembre u octubre se espera la presentación del nuevo iPhone, que en caso de mantener la tradición se denominará iPhone 7. Y, según los rumores y filtraciones, supondrá un gran avance tanto a nivel estético como interno, lo que podría incentivar su consumo en el mercado. Necesita, pues, un dispositivo revolucionario, totalmente innovador, un revulsivo, que represente los valores de la compañía como líder en este segmento y que, de nuevo, haga rejuvenecer a su gallina de los huevos de oro.

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