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Atentado en Londres


 
  Por Dr. Carlos Murillo Zamora 27 marzo 2017

El atentado en Londres realizado por un ciudadano británico, cuyo nombre era Adrian Russell, antes de convertirse al islam, evidencia la necesidad de revisar la concepción predominante sobre el terrorismo basado en razones religiosas. Algo que no es novedoso, pues desde la Antigüedad, sobre todo en textos básicos de religiones como la Biblia, se reseñan actos teoterroristas; es decir, el terrorismo ejecutado en nombre de Dios. Sin embargo, tras los atentados del 9-11 se han generado una serie de concepciones que tienden a generalizaciones erróneas, pues se califica de acto terrorista casi cualquier incidente en donde participe un musulmán.

Al igual que ocurre con los grupos del crimen organizado, los grupos terroristas y sus acciones se conciben en términos propios del siglo pasado, cuando la naturaleza de este fenómeno y de los actores que hacen uso de él, responden a lógicas distintas. No se ha reconocido que se trata de fenómenos complejos, con múltiples causas, que superan los ataques de las décadas de 1970 y 1980.

Tras el atentado de la semana pasada en la capital inglesa, la primera reacción fue la de atribuirlo a un inmigrante árabe, producto de la creciente xenofobia y el discurso de líderes populistas de derecha, particularmente el presidente Trump. Se han construido estereotipos y estigmas sobre los ciudadanos y ciudadanas de países musulmanes que sin duda incrementarán las tensiones sociales, sobre todo en Europa. Prueba de ello es que algunos vieron en una mujer inglesa que usaba pañuelo a una potencial terrorista islámica.

El otro aspecto que hay que considerar es el uso propagandístico de este tipo de actos por parte de organizaciones como ISIS y Al Qaeda, que se atribuyen los atentados ejecutados por “lobos solitarios” o por personas radicalizadas que no necesariamente están vinculadas. No hay claridad sobre si realmente los atentados de los últimos años en Europa han sido de personas vinculadas directa o indirectamente a esos grupos.

También hay que considerar, algo que no es sencillo por la información disponible, cuántas de las víctimas -por ejemplo, en el caso de Londres- fueron causadas por el terrorista y cuántas por las balas de la policía.

Khalid Masood tenía antecedentes delincuenciales por delitos menores, pero no se le había vinculado con acciones terroristas, incluso era un economista y profesor que en algún momento viajó a Medio Oriente. Así que cabe preguntarse ¿si tales grupos no están aprovechando los efectos de la xenofobia y otros problemas de salud pública para crear una idea de penetración en las sociedades nacionales? ¿Cómo harán los cuerpos policiales para diferenciar entre un ciudadano o ciudadana originario del país que decide adoptar prácticas terroristas y uno o una de origen árabe que no está vinculada a tales organizaciones?

Por lo anterior, es urgente que los gobiernos y las organizaciones internacionales, al igual que las sociedades y en general todas las personas, reconozcamos la magnitud de la transformación que enfrenta el mundo en todos sus ámbitos. De igual forma que se reconozca la necesidad de adoptar políticas públicas de seguridad ciudadana acordes con la naturaleza de las amenazas que hoy se enfrentan.

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Dr. Carlos Murillo Zamora

Profesor e investigador de las Universidades de Costa Rica y Nacional de Costa Rica. Consultor internacional. Doctor en Gobierno y Políticas Públicas. Autor del blog camuza.codebeta.net.