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China y la ruta de la seda


 
  Por Dr. Carlos Murillo Zamora 22 mayo 2017

El pasado 14 de mayo China anunció un proyecto que desde hace años viene preparando: una nueva versión de la Ruta de la Seda; incluso utilizó distintos mecanismos, como la Organización de Cooperación de Shanghái, para irlo formulando. Pero a diferencia de la que se estableció en el siglo IX -aunque hay antecedentes previos a esa centuria- para unir el Lejano Oriente con Occidente (Europa Oriental), destinada a penetrar el mercado europeo con mercancías exóticas, esta vez la iniciativa la presentó el presidente Xi Yinping en un encuentro de mandatarios en la ciudad de Xi’an, al que asistieron 28 gobernantes. Entre ellos destacaron mandatarios tan diversos como Putin, Macri, Bachelet y Rajoy.

El proyecto es denominado como la “Iniciativa de un Cinturón y una Ruta” (One Belt, One Road Strategy), que algunos comparan como un “Plan Marshall” chino que consolidará la hegemonía regional de China. Téngase en cuenta que el proyecto hegemónico chino es, como lo he señalado antes, de naturaleza confuciana.

Se trata de impulsar una red de conexiones de infraestructuras -vial, ferroviaria, marítima-, transporte y comercio que conectará 68 países, con 4400 millones de personas, que representan el 40% del PIB mundial. Solo Pekín ha comprometido fondos por US$750 000 millones para el próximo quinquenio. A la parte terrestre se suma lo que se ha denominado la “Ruta de la Seda marítima” (conecta puertos en la costa china con algunos en el Sudeste asiático, en Kenia y en el Mediterráneo). Sin embargo, harán falta muchos recursos financieros y sobre todo mucha voluntad política y técnica para construir la red de carreteras y ferrocarriles. Hay reticencias y temores significativos.

Por supuesto, no es un proyecto de naturaleza estrictamente comercial, pues tiene diversos componentes geopolíticos y estratégicos. Primero, China busca expandir su influencia en Asia Central y el Medio Oriente, llegando a Turquía y de ahí a Europa Oriental, consolidando su proyecto hegemónico global. Segundo, Pekín tiene claro que conforme las rutas marítimas árticas sean navegables más meses al año, Rusia tendrá la posibilidad de transportar mercancías entre el Extremo Oriente y Europa; pero también tropas. Tercero, le permitiría contrarrestar la política estadounidense basada en la contención de las potencias adversarias en la masa asiática, que se fundamenta en las tesis geopolíticas de Alfred Mahan, complementada con los esquemas adoptados en el marco de la Guerra Fría.

De ahí que Rusia e India tengan algunas preocupaciones, porque estarán a los lados de la ruta que atravesará sus traspatios. Moscú ha mostrado interés y ha tenido presencia en las distintas etapas del proyecto. Pero es de sobra conocido el proyecto hegemónico ruso y las tesis geopolíticas adoptadas por Putin para recuperar la grandeza de la Rusia zarista, salpicada con componentes soviéticos.

Las reacciones al proyecto chino han sido diversas, como también los cuestionamientos sobre su viabilidad. Sin embargo, en el caso de Estados Unidos, la administración Trump no ha reaccionado, pues por ahora está más preocupada por los cuestionamientos de lo que ya se ha denominado “Rusiagate”. Mientras que la UE ha emitido algunos análisis sobre el proyecto, pero sin adoptar una posición oficial, excepto un acuerdo del Parlamento de diciembre de 2015.

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Dr. Carlos Murillo Zamora

Profesor e investigador de las Universidades de Costa Rica y Nacional de Costa Rica. Consultor internacional. Doctor en Gobierno y Políticas Públicas. Autor del blog camuza.codebeta.net.