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Trump y la destrucción del liderazgo estadounidense


 
  Por Dr. Carlos Murillo Zamora 14 junio 2017

La decisión del presidente Trump de retirar a los Estados Unidos del Acuerdo de París sobre Cambio Climático constituye la cereza en el pastel de su proyecto de liquidar el sistema internacional establecido tras la II Guerra Mundial, basado en las reglas del juego y el liderazgo estadounidense. A diferencia de otros mandatarios que impulsaron políticas aislacionistas, las decisiones de la Casa Blanca en esta administración van más allá y procuran arrastrar el orden mundial a un caos, en el cual parece evidente que el mayor perdedor será precisamente Washington. Situación que conduciría a una guerra sistémica.

En los esfuerzos por negar la globalización y retornar a un pasado lejano de economías autosuficientes -lo cual perjudica a las grandes corporaciones norteamericanas-, Trump está dispuesto a dañar a su país en el mediano y largo plazo. Está adoptando una visión cortoplacista para quedar bien con un pequeño sector del electorado, al cual le han hecho creer que el libre comercio es el culpable de todos sus males y que el liderazgo estadounidense es una grave enfermedad para esa sociedad. Por ello en su discurso busca responsabilizar a los otros y demandar una indemnización por las acciones que a lo largo del siglo XX Estados Unidos emprendió para su propio beneficio. Es decir, el mundo está ante un extraño caso en el que el gobernante del país con mayor poder político, económico y militar se encarga de desmantelar el proyecto hegemónico que le ha permitido conducir el sistema internacional en las últimas décadas.

Con tal de justificar sus argumentos se alía con sus enemigos -por ejemplo, apoya al régimen de Arabia Saudita, que ha financiado a grupos terroristas, tales como Al Qaeda e ISIS-; se distancia de los aliados tradicionales debilitando a la OTAN; pone en entredicho el diálogo trasatlántico que ha sido factor clave en la política de defensa del país; y perjudicará a empresas estadounidenses con la decisión sobre el cambio climático. Se niega a reconocer que cualquier economía que se retire del dinamismo globalizador perderá. En algún momento ha afirmado que el aumento en la generación de empleos en el último trimestre es resultado de sus políticas, como si estas dieran resultados de la noche a la mañana y las decisiones de las grandes empresas se adoptan de un día para otro.

En esta coyuntura y las casi constantes revelaciones del “Rusiagate”, es factible preguntarse realmente cuál es la relación entre Trump y Putin, pues este fue el único líder -por supuesto excepción hecha de Ortega de Nicaragua y al Assad de Siria que no son parte de la Convención de París- que respaldó la decisión de Washington de retirarse de ese acuerdo. ¿Cuáles son los planes de esos dos líderes, construidos a lo largo de la campaña electoral estadounidense?

El problema de Trump no es su inmadurez -que ha sido comparada con la de un niño que inicia su educación primaria-, su narcisismo y su ignorancia sobre la política, sino su incapacidad para salirse del “reality show” en que ha vivido. Está convencido que la gerencia empresarial y la gestión pública son iguales y que su proyecto aislacionista salvará a Estados Unidos de una debacle, cuando en realidad es todo lo contrario.

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Dr. Carlos Murillo Zamora

Profesor e investigador de las Universidades de Costa Rica y Nacional de Costa Rica. Consultor internacional. Doctor en Gobierno y Políticas Públicas. Autor del blog camuza.codebeta.net.