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La digitalización mató al directivo que lo sabía todo


 
04 julio 2017

“Si creas entornos hostiles para la innovación, no atraerás a innovadores”

Adaptar la empresa al mundo digital es más una cuestión de actitudes y cultura de la empresa que puramente tecnológica. Los CEO tienen que abandonar la cultura puramente sectorial, y estar atentos a lo que ocurre en el mercado, y especialmente en el mundo de las ‘start up’. La digitalización del mercado es un grave riesgo para las empresas que no saben adaptar su modelo a las nuevas condiciones, y que ven devorado su mercado por empresas más pequeñas, pero más ágiles.

Los frenos más habituales a la innovación son la excesiva burocratización, la renovación frecuente de los directivos y la falta de una estrategia de verdadero liderazgo en el mercado. Y para adoptar una cultura de innovación, lo primero es contar con las personas que creen en ella, elegir una estrategia para llevarla a cabo, y encontrar a alguien que se implique en la transformación de tu empresa, ya sean los clientes y proveedores, o las universidades, por ejemplo. Es clave escuchar a los empleados que estén en la primera línea de la tecnología.

 

SCOTT KISNER

Para mí, la transformación digital significa que muchos de los problemas que intentamos resolver a diario empiezan con un smartphone o un ordenador.

Me llamo Scott Kisner, soy el editor y cofundador de una página web llamada Innovation leader, que trata sobre innovación en grandes empresas de todo el mundo.

Creo que si las empresas pueden adaptarse a la transformación digital y ser parte de este mundo digital, podrán conservar su posición en el mercado. Pero creo que muchas no lo están consiguiendo. A algunas empresas les pillará el toro en la transformación digital.

Para mí, el ejemplo más concreto es el de las tiendas. Hay tiendas enormes que todos han construido, y ya nadie quiere ir a la tienda. Resulta que no era una experiencia tan cómoda, después de todo. A la gente no le gusta hacer colas, ni le gusta tener que encontrar al dependiente para pedirle lo que busca. Prefiere buscar en su smartphone y comprárselo a alguien que ha hecho esa transformación digital y que ha llegado hasta ahí para el consumidor. Su única estrategia parecer ser: “Vamos a cerrar más tiendas para intentar ahorrar dinero”.

 

Hay muchas empresas industriales, especialmente… Ya fabriquen productos para el consumo o para otras empresas, saben que deberían tener más datos sobre lo que pasa cuando su producto sale al mundo. Pero aún no están ahí. Lo saben, en teoría, pero no lo han hecho.

Yo pienso: “¿Cómo es que un aire acondicionado Mitsubishi de 10 000 dólares no puede comunicarse con Alexa?”. No puedo decir: “¿Puedes hacer que haga un pelín más de frío?”. Ese es un ejemplo de fabricante que no se da cuenta todavía de que queremos controlarlo todo con Google Home, Alexa o el dispositivo que sea que responda a nuestra voz.

Creo que las cosas que acaban creando entornos hostiles para la innovación son la burocracia, y el centrarse en cómo recortar los gastos del negocio, en vez de en cómo hacer lo crecer. Rotación de los directivos. Cuando tienes un nuevo jefe o un nuevo director financiero, o un nuevo director ejecutivo cada uno o dos años, eso crea confusión. Y sobre todo, no tener la visión y el deseo de ser un líder de tu industria.

 

El primer paso es: contar con la gente que realmente se preocupa por la innovación. Y, sobre todo, no contar con quienes están en contra de la innovación, pues intentarán acabar con ella. Siempre hay gente que explica porqué la innovación en este momento es una mala idea, o que dice que ya están innovando, así que ¿por qué molestarse?.

El segundo paso, sería decidir qué clase de innovación estás buscando. Quizás sea enseñar un método a todos los miembros de la empresa, como es el Design Thinking, por ejemplo, y esperar que de ahí salga algo bueno. O quizá la innovación consista en ahorrar costes y ser eficientes.

Y el tercero es saber a quién quieres involucrar. ¿Quieres involucrar a tus empleados? ¿Quieres involucrar a estudiantes y emprendedores de tu comunidad que quizá se conviertan en empleados o puedan colaborar contigo? O quizá quieres involucrar a tus clientes o tus proveedores y piensas: “¿Qué ideas tienen y cómo podemos trabajar juntos para cocrear algo nuevo que, seguramente, compren?”.

No hago distinción entre directores jóvenes y viejos. Creo que es una cuestión de directores abiertos a aprender y comprender lo que ocurre en lo concerniente a su industria, a diferencia de los directores, y hay muchos así, que se convierten en expertos de su industria y empresa y creen que tienen la respuesta para todo.

Lo que los directores no hacen lo suficiente es salir de su propia industria y leer sobre el mundo de las startups, ir a conferencias, salir de su oficina. Y estar al tanto de las startups y tener presente lo que hay por ahí que pueda afectar a su negocio. Por ejemplo: Tienes una empresa hotelera, y alguien crea Airbnb, que es una competencia muy seria, pero durante mucho tiempo piensas: “Solo es una pequeña startup, no hace lo mismo que nosotros. Nuestras habitaciones son maravillosas. Tenemos sábanas de algodón egipcio de 400 hilos…”. Y al final, alguien alquilará esa habitación y pone en peligro tu negocio.

Es muy importante la comunicación que hay entre los altos directivos y directores y lo que acontece con los empleados de primera línea. También existe el concepto de formación inversa. Los ejecutivos que tienen empleados más jóvenes pueden aprender tecnología de ellos.

Muchas empresas fomentan la tormenta de ideas, y tienen distintos concursos, hackatones… en los que permiten que esos empleados, ya sea el dependiente de una tienda o alguien que coge el teléfono en atención al cliente, piensen en un problema u oportunidad para la empresa y trabajen para resolverlo. Y también hay que pensar en facilitar algo de formación, y que las empresas ofrezcan incentivos y concedan tiempo a sus empleados para que aprendan sobre las nuevas tecnologías, los desarrollos y códigos, y que adquieran nuevas habilidades.

Y, a veces, es cuestión de talento. Los jóvenes que se licencian en la universidad no quieren trabajar en grandes empresas, quieren meterse en el mundo de las startups o quizá en empresas tecnológicas como Facebook y Apple, porque las ven más abiertas a la innovación y a nuevas ideas. Es un gran problema para las grandes empresas arraigadas. Saben que deben contratar a alguien que sepa del Internet de las Cosas, o que entienda el aprendizaje automático o el reconocimiento de voz. Pero no consiguen hacer que esa gente trabaje para ellos.

 

 

Fuente: observatorio-empresas

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