Email

El desarme de las FARC


 
  Por Dr. Carlos Murillo Zamora 04 julio 2017

El pasado 27 de junio se realizó el acto formal de desarme de las FARC, proclamándose el fin de la organización como grupo armado y el inicio de la fase de reconstrucción pos-conflicto. Sin embargo, es necesario ir más allá de los titulares de los medios de comunicación y del entusiasmo que embarga a muchos, entre ellos al presidente Santos, que consideran que se acabó la guerra en Colombia. El asunto no es tan sencillo, porque se trata de una organización de tipo híbrida y no solo un movimiento insurgente y porque están pendientes las negociaciones con el ELN. Además, en Colombia existen otras agrupaciones, como la que colocó la bomba en un centro comercial en Bogotá, y las “bandas criminales”.

Lo primero que llama la atención es la cantidad, certificada por la Misión de la ONU, de armas entregadas por las FARC, sumando aquellas en manos de combatientes y en las llamadas “caletas”. Según la misión de ONU se entregaron 7132 armas individuales y se inspeccionaron 77 caletas, de 90 declaradas por la organización armada (las 13 restantes no han podido ser ubicadas). Es difícil pensar que en tantos años de operaciones armadas y la cantidad de plantaciones de coca y rutas que controla la organización, tuvieran tan pocas armas. La pregunta es ¿en dónde están el resto del armamento? Es conocido que muchas están en manos de milicianos que no fueron incluidos en la desmovilización, pues formalmente no son parte de las FARC, y otras en territorio venezolano. De igual forma ¿solo tenían 90 caletas distribuidas en todo el territorio colombiano?

En la Hoja de Ruta se estableció que las FARC conservarán cierta cantidad de armamento para dar seguridad a las 26 zonas veredales que operarán hasta el 1 de agosto. Pero están son pocas y más que todo armas de bajo calibre.

Ahora bien, en el caso colombiano no solo debe tenerse en cuenta que el acuerdo de paz, la entrega de armas y la desmovilización de los combatientes constituyen apenas el paso previo al inicio de la fase de reconstrucción pos-conflicto. La primera etapa de este proceso consiste en establecer las condiciones necesarias para garantizar la seguridad de la sociedad, lo que incluye a los excombatientes, y las instituciones estatales (no limitar solo a las gubernamentales). Y lo anterior implica generar confianza en todos los sectores sociales, políticos y económicos. Hoy el 65% de la ciudadanía colombiana considera que las FARC no cumplirán con sus compromisos, a pesar de ser favorecidos por condiciones políticas y judiciales difícilmente obtenidas por otro movimiento político-militar alrededor del mundo. Sin embargo, el discurso de los líderes de esta organización es la paz está por encima de la constitución y que si no respetan las concesiones que les fueron otorgadas, aun cuando se produzca una ruptura del Estado de derecho para su cumplimiento, no podrá evitarse la continuación del conflicto.

La tarea que enfrentan el gobierno, las fuerzas armadas y las FARC a partir de ahora es mucho más compleja que la que realizada hasta la fecha. Con el acto de desmovilización se produjo el primer paso, ahora hay que verificar la solidez del compromiso de las partes y la disposicíon de las FARC de abandonar no solo la guerra sino el narcotráfico.

← Tensiones en la península coreana Panamá y China →
Dr. Carlos Murillo Zamora

Profesor e investigador de las Universidades de Costa Rica y Nacional de Costa Rica. Consultor internacional. Doctor en Gobierno y Políticas Públicas. Autor del blog camuza.codebeta.net.