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Tensiones en la península coreana


 
  Por Dr. Carlos Murillo Zamora 11 julio 2017

La agenda internacional está plétora de temas álgidos, como la profundización de la crisis venezolana (por la invasión de las instalaciones del congreso y el traslado de Leopoldo López de una prisión militar a su casa) y la férrea posición de Qatar frente a las demandas de la alianza opositora, encabezada por Arabia Saudita, que lo responsabilizan de financiar grupos terroristas); sin embargo, el aumento de las tensiones entre Washington y Pyongyang merecen la atención, pues constituyen -en este momento- un punto de inflexión, que podría conducir a una guerra sistémica. No necesariamente entre esos dos países, sino entre Estados Unidos (EUA) y China.

Desde hace décadas la relación entre Corea del Norte y EUA se ha caracterizado por el juego de “El Gallina”, que pone en ruta de colisión a dos jugadores y quien abandona se constituye en el desertor, y por ende un gallina. Hasta el momento quien ha abandonado es el gobierno estadounidense, cediendo a las peticiones del régimen norcoreano. El problema es que en este caso hay actores que están en torno a los protagonistas y alientan a uno u otro (China, Japón, Rusia, Corea del Sur), pues tienen interés en el resultado; al mismo tiempo que se trata una situación en la que la colisión involucraría armamento nuclear.

Desde que Trump asumió la presidencia, el discurso se ha venido endureciendo, hasta llegar a afirmar que se agotó la paciencia estratégica y amenazó con operaciones militares. Ante ello Corea del Norte disparó, el 4 de julio, un misil balístico que cayó en el Mar de Japón; pero que se supone -a criterio de expertos- puede alcanzar el territorio de Alaska. De inmediato, Trump apeló a una respuesta firme ante la amenaza nuclear y demandó acciones concretas por parte de China.

Ello no amedrenta a Pyongyang, pues tiene certeza que Washington no pondrá en riesgo a su aliado surcoreano, el primer blanco del régimen de King Jong-un en caso de un ataque estadounidense. Por eso el Secretario de Defensa, Jim Mattis, señaló que la solución negociada y las sanciones económicas son la prioridad, no las acciones militares -lo que no significa que están no estén presentes en la lista de opciones, pero como un último recurso-, contradiciendo al presidente.

Pekín ha demandado moderación por parte de EUA, pues en caso de un aumento de las operaciones militares estadounidenses sabe que tendría que apoyar a su aliado. Mientras que para King Jon-un las cartas están a su favor y sin duda continuará con las pruebas de misiles, para provocar a la Casa Blanca y forzarlo a desertar una vez más. Aunque a diferencia de ocasiones anteriores, cuando las concesiones se referían a suministrar alimentos u otro tipo de recursos a Corea del Norte, para que King Il-sun o Kong Jong-il continuaran fortaleciendo el aparato militar, en esta ocasión el líder norcoreano tiene planes más ambiciosos.

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Dr. Carlos Murillo Zamora

Profesor e investigador de las Universidades de Costa Rica y Nacional de Costa Rica. Consultor internacional. Doctor en Gobierno y Políticas Públicas. Autor del blog camuza.codebeta.net.