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América latina y la corrupción


 
  Por Dr. Carlos Murillo Zamora 25 julio 2017

La sentencia a nueve años del expresidente brasileño Lula da Silva, el pasado 12 de julio, y el encarcelamiento del también expresidente peruano, Hollanta Humala, y su esposa, Nadine Heredia, el pasado 14 de julio, que se suman a una larga lista de exgobernantes en prisión o que enfrentan juicios en la mayoría de los países latinoamericanos, evidencia la magnitud de la corrupción en la región. Incluso se rumora en las calles de algunos países latinoamericanos que hay gobernantes que al finalizar su periodo serán sometidos a juicio por el mismo delito.

América Latina –sin excepción– está sumida en la corrupción, siendo el caso icónico el de la empresa brasileña Odebrecht, porque penetró a la mayoría de las estructuras gubernamentales de la región, financiando campañas, pagando dádivas para lograr proyectos de infraestructura. Pero también hay que recordar los conocidos casos de Panama Papers y Bahamas Leaks, a los que se agregan cuestiones propiamente domésticas. Y cabe señalar que esto no es un asunto –términos del siglo pasado– de gobiernos de izquierda o de derecha; la corrupción no diferencia por signo ideológico.

Hoy la percepción sobre corrupción coloca a Venezuela, Guatemala, México y Brasil entre los países más corruptos; pero en general ninguno escapa a este mal, que, junto con el crimen organizado, constituyen la mayor amenaza a la estabilidad política en la región. Por eso especialistas de Transparencia Internacional consideran que este mal es un problema genético, pues está presente en el ADN de los y las latinoamericanas. De ahí que lo novedoso no es la corrupción, sino el grado de penetración que tiene hoy.

Si bien los índices sobre corrupción de 2016 colocan a Venezuela como el país más corrupto, Brasil con el caso Lava Jato, Odebrecht y la empresa OAS (recuérdese que Lula visitó Costa Rica hace unos años representándola, para respaldar sus operaciones en el país) es el que genera más corrupción fuera de sus fronteras. Es decir, este mal no reconoce fronteras estatales, porque las operaciones hoy son, en un alto grado, transnacionales.

Pero el asunto no acaba ahí; hay muchos casos que no están siendo investigados y otros que los rumores hacen pensar en graves situaciones. Por ejemplo, ¿cómo se explica que el presidente Evo Morales, con el salario presidencial más bajo de la región, tenga inversiones inmobiliarias millonarias en algunos países a nombre de su familia? Hay una casa en un barrio limeño valorada en más de un millón de dólares, inscrita a nombre de una hermana de Morales. Entonces, ¿qué ocurrirá en otros países en donde pocos controles sobre los manejos de los recursos públicos? Y cabe cuestionarse ¿cuánto de los miles de millones de dólares de las reservas de gobierno venezolana estarán invertidos en empresas en países centroamericanos, digamos en el sector atunero, incluso costarricense, propiedad de miembros de la élite gobernante?

Sin duda la corrupción carcome las raíces de la democracia y la estabilidad política en toda América Latina. La clave es ¿cuánto tiempo tardarán los sistemas políticos latinoamericanos en implosionar, si no toman medidas urgentes y se detiene este mal?

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Dr. Carlos Murillo Zamora

Profesor e investigador de las Universidades de Costa Rica y Nacional de Costa Rica. Consultor internacional. Doctor en Gobierno y Políticas Públicas. Autor del blog camuza.codebeta.net.