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El “Reality Show” de Trump


 
  Por Dr. Carlos Murillo Zamora 09 agosto 2017

La gestión, por momentos caótica, de Trump desde enero pasado puede resumirse -en un intento de simplificar lo complejo, para comprenderlo- en los esfuerzos de un gobernante por vivir su propio “reality show”, en el cual el protagonista se niega a seguir el lineamiento establecido para la Casa Blanca. Por consiguiente, Trump va construyendo día a día -parece que sobre todo en las madrugadas- su guion, ello con un fin muy preciso: mantener la atención de los medios y la opinión pública. Sin ello el mandatario no se siente cómodo y prefiere optar por los hechos alternativos, las noticias falsas y las mentiras.

Entre estas últimas, a pesar de los esfuerzos de la vocera de prensa de la Casa Blanca por tratarlo como una confusión, están el anuncio de una llamada que le hizo el presidente mexicano Peña Nieto, para hablar de la disminución del flujo migratorio, y de otra llamada del presidente del movimiento de los Boys Scouts para felicitarlo por un discurso con contenido político. Ambas comunicaciones no ocurrieron.

A ello se agrega otro elemento: la negación de la distinción entre la gestión de lo público y el gerenciamiento de lo privado. En la lógica de Trump no hay diferencia entre ser el presidente del gobierno estadounidense y ser el dueño de sus empresas; y como él es hábil en los negocios quiere que el gobierno opere como si fuera una corporación privada. Incluso gira instrucciones sobre qué deben decir sus colaboradores, como en el caso de la declaración de su hijo ante el Congreso sobre el “Russiagate”. Y esto es lo que ha llegado a prensa, ¿cuántas otras cosas y manipulaciones no han sido conocidas aún?

También destaca, por la forma en que conduce las relaciones interpersonales, los nombramientos de su círculo más cercano y de su gabinete. En este momento la cantidad de cambios de funcionarios ha superado las expectativas que tenían los analistas políticos en Washington. Cuando tiene alguna dificultad para sustituir a alguien de su equipo, pone a competir entre sí a funcionarios, generando desconfianza entre ellos, para que responsabilicen a otros de los errores y filtraciones, logrando la dimisión. Un buen ejemplo fue Sean Spicer, hasta hace poco Secretario de Prensa, y la meteórica gestión de Anthony Scaramucci, que duró solo 10 días. De esta forma busca mantener el control sobre las voluntades de sus colaboradores.

La cuestión es ¿cuánto tiempo el sistema político estadounidense puede evitar entrar en crisis ante tal “reality show”, aislando al mandatario, que en su desesperación endurecerá sus acciones, como se dice lo hace en sus empresas?

¿Posibilidades de que rectifique el rumbo? Desde mi perspectiva, ninguna; más bien insistirá en su estilo. Un estilo que responde a la concepción del “macho alfa” que lidera la manada; sobre esto solo basta observar cómo se sienta en las reuniones y la posición de sus manos, para destacar su zona genital. Y un “macho alfa” necesita que todos los focos y cámaras lo conviertan en el centro de atención, de lo contrario pierde su protagonismo. Sin duda, Trump está causando con su “reality show” un grave daño a la credibilidad y legitimidad de la Casa Blanca, como el centro de poder de los Estados Unidos.

 

Sergéi Kisliak →
Dr. Carlos Murillo Zamora

Profesor e investigador de las Universidades de Costa Rica y Nacional de Costa Rica. Consultor internacional. Doctor en Gobierno y Políticas Públicas. Autor del blog camuza.codebeta.net.